Los espíritus humanos magnánimos y sinceros, vía la filosofía, las ciencias y las artes, buscan la verdad, el anhelo de ella se siente como una diosa interior de nombre “inevitabilidad”. Pero hay una verdad más universal que las conquistadas en cada esfera de algunas filosofías, del conocimiento científico y el artístico, es la verdad sobre la verdad misma, sobre su valor. Sócrates tuvo que defender el saber y la sabiduría porque estaban en crisis, si Sócrates viviera físicamente —creo que vive espiritualmente en cada uno de sus herederos— lo veríamos defendiéndolos todavía porque saber y sabiduría no han dejado de estar en peligro, quiero decir la verdad no ha dejado de ser amenazada. La verdad importa más que cualquier cosa porque de ella depende el sentido de toda otra cosa, y son las ciencias formales en unidad con la teoría general del conocimiento y algunos sistemas de filosofía como la metafísica, la ontología o la fenomenología, en donde se encuentra el rango supremo de investigación sobre lo verdadero, la coherencia, la consistencia y el sentido.