La alimentación juega un papel crucial en el crecimiento y desarrollo de cada individuo, lo que contribuye a que se establezcan procesos biológicos acordes para lograr un bienestar no solo físico sino mental. Lo anterior, ha llevado a evaluar los hábitos alimenticios desde diferentes enfoques para identificar que estilos de vida se tienen y en cierta forma si responden a las necesidades individuales de forma responsable(1)(2)(3). Sin embargo, el contexto social y/o entorno ha afectado de forma consciente o inconsciente las rutinas alimentarias, donde se hace más evidente en poblaciones jóvenes especialmente en la etapa de la adolescencia en función de mejorar y/o mantener una apariencia física, lo que ha llevado a un aumento en la incidencia de trastornos de la conducta alimentaria, dando significado a una amenaza en cuestiones de salud física, emocional y social(4)(5). Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son condiciones psiquiátricas que implican una relación desordenada con la comida, el peso corporal y/o la imagen, destacándose la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) posiciono a los TCA entre las enfermedades mentales de prioridad para los niños y adolescentes, como la tercera enfermedad crónica más común, proporcionado un alto riesgo para la salud(6)(7). Abordar los trastornos de la conducta alimentaria de manera integral es un deber de cualquier profesional y en especial del ortodoncista ya que este tiene la posibilidad de evaluar una vez al mes al paciente para sus controles, situación que lleva a generar alertas en función tanto de los tejidos duros y blandos del sistema estomatognático que llegan a influir en la tasa del movimiento dental, lo que representa un desafío para el ortodoncista en relación de identificar, prevenir y educar al paciente(1)(2)(8). La anorexia nerviosa se caracteriza por una restricción extrema en la ingesta de alimentos, lo que conduce a una pérdida de peso significativa y, en muchos casos, un temor intenso a aumentar de peso. Por otro lado, la bulimia nerviosa se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta excesiva de alimentos, seguidos de comportamientos compensatorios como el vómito auto inducido, abuso de laxantes o ejercicio excesivo para evitar el aumento de peso(1)(7). La malnutrición asociada con la anorexia nerviosa puede tener efectos adversos en la salud bucal y la estructura ósea, lo que puede interferir con el tratamiento ortodóncico De igual manera, la bulimia nerviosa puede causar erosión del esmalte dental debido a la exposición repetida al ácido gástrico durante los episodios de vómito, comprometiendo así la efectividad del tratamiento ortodóncico, aumentando las necesidades nutricionales del paciente durante la adolescencia. Identificar y tratar estos trastornos de manera temprana es fundamental para minimizar su impacto en la salud bucal y garantizar el éxito del tratamiento ortodóncico(4)(2). Abordar estos trastornos de manera integral y colaborar estrechamente con otros profesionales de la salud es esencial para proporcionar un tratamiento efectivo y holístico a los pacientes afectados, subrayando la importancia de la nutrición en la ortodoncia y cómo los trastornos alimentarios afectan dicho tratamiento(6)(8).