El tratamiento de la memoria desde una perspectiva tradicional de los derechos humanos ha desconocido su potencial emancipador y transformador, siendo que la memoria está en constante disputa y las luchas por la representación del pasado se hacen latentes, se plantea que entenderla como un derecho humano en clave crítica y decolonial puede coadyuvar a la restauración de la dignidad humana de las comunidades históricamente oprimidas y violentadas. A través de la reflexión sobre el pasado y la construcción de representaciones propias que den cuenta de las diferencias y particularidades de las comunidades, la memoria permite encontrar nuevas lecturas de lo acontecido y permite develar lógicas de dominación de carácter colonial para repensar lo que se entiende por dignidad humana, especialmente cuando ésta ha quedado bajo la protección del Estado y se han reforzado relatos negativos que excluyen y perpetúan dinámicas de desigualdad.