El bullying, intimidación escolar o matoneo se ha presentado en el contexto escolar sin hacer distinción de sexo, raza o nacionalidad (Pérez, 2011), tal fenómeno ocurre cuando un estudiante dice o hace cosas a propósito para herir a otro compañero de manera recurrente provocando que este no pueda defenderse, así pues, los abusos que el victimario ejerce sobre la víctima se dan en forma de maltrato físico, verbal, relacional y ciberbullying en presencia o no de testigos del hecho (Olweus, 2006). Dicho maltrato se puede generar como resultado de familias disfuncionales, de falta de habilidades sociales, pautas de crianza autoritarias, sobreprotectoras, permisivas y poco involucradas. Lo anterior conlleva a que la víctima quien es el actor más afectado dentro del maltrato presente ansiedad, depresión (Seals y Young, 2003), sentimiento de culpabilidad, alteraciones de conducta, baja sociabilidad, ira, bajo rendimiento y fracaso académico e inclusive conductas e ideación suicida (Olweus, 2006). De igual manera, el maltrato que se presenta en el contexto escolar altera el desarrollo social de los estudiantes, a razón de que afecta las conductas de socialización (Oñederra, 2008).