En las grandes ciudades, el aumento de la población y la temperatura, producen consecuencias desfavorables para la salud común de todos sus habitantes, porque se construye un ambiente más propicio para la proliferación de gérmenes que provocan múltiples enfermedades. Lo anterior, junto con una actitud pasiva de las personas que no ejercen desde sus actividades más naturales hábitos saludables, como el hecho de lavarse las manos constantemente y al usar un servicio sanitario, permiten que estos factores de riesgo aumenten. La vida diaria transcurrida de esta manera, genera un ambiente físico contaminado, en el que a diario tocamos objetos que son portadores de múltiples gérmenes, puestos allí por todos nosotros y por el ambiente.