A nivel mundial, los servicios de salud mental enfrentan una difícil disponibilidad de recursos económicos y talento humano, siendo más grave en los países menos desarrollados, donde se centra la mirada en la atención de enfermos mentales y no en un sistema integrado de salud mental, que cuente con la planeación necesaria para atender la demanda de la población (Organización Mundial de la Salud s.f.). Una muestra de lo anterior es Latinoamérica, donde los sistemas de salud se caracterizan por su fragmentación y el enfoque en el tratamiento de las enfermedades, en lugar de la prevención de las mismas y la promoción de la salud (Organización Panamericana de la Salud 2010). Además, hay gran desconocimiento tanto clínico como gerencial, hasta el punto que no se sabe cuántos psiquiatras ni cuantas camas de psiquiatría hay, según las estadísticas sanitarias mundiales de la Organización Mundial de la Salud en 2012 (Organización Mundial de la Salud 2012).