Son múltiples las formas que hoy reviste el fenómeno de la corrupción del Estado. Se da el preocupante hecho en los diversos órganos del poder público. La tridivisión del poder, concebida como mecanismo de mutuos controles de la entidad pública, no funciona satisfactoriamente y cada uno de ellos adolece de carencias que confluyen en la calamidad de que el patrimonio público, creado para el servicio de los habitantes de un país dado, sea saqueado para medro personal de los agentes oficiales, burlándose el control fiscal y administrativo. Entre nosotros la contratación pública es fuente indecible de falencias que son utilizadas habilidosamente por el funcionariado que obra impunemente, y que logra contubernio de contratistas, proveedores y estamentos de la actividad privada, interesados en aprovechamientos ilícitos a la sombra del fisco que es desviado para enriquecimientos sin causa, con grave detrimento para la población en cuyo beneficio se estableció en la Constitución y en la ley.