Colombia dispone de grandes agroindustrias, especialmente de la caña de azúcar y la de palma de aceite, las cuales tienen oportunidades significativas en el uso de su propia biomasa residual como fuente primaria renovable. Dicha energía, además de ser aprovechable para autoabastecer, tiene el potencial de generar excedentes de energía para terceros. Actualmente la industria de la palma cuenta con alrededor de 500.000 hectáreas sembradas aproximadamente, distribuidas en cuatro zonas de Colombia: Norte, Oriente, Central y Suroccidente, que abarcan 122 municipios en 19 departamentos alrededor del país [2]. Para obtener los siguientes subproductos principales: Aceite crudo de palma, aceite crudo de palmiste y harina de palmiste. La biomasa residual disponible en esta industria, fibra y cascarilla, se consume directa y mayoritariamente en calderas como combustible para generar el vapor necesario y satisfacer los requerimientos energéticos de los procesos. La base tecnológica del aprovechamiento energético de la biomasa residual es la cogeneración donde se permite la generación simultánea de energías térmica y eléctrica. Permitiendo garantizar practicas sostenibles, negocios viables y preservación del medio ambiente [3, 4, 5]. En la actualidad, los estudios realizados en la industria de la palma de aceite, están enfocados principalmente a balance de masa y energía, las cuales permiten identificar perdidas de materia en cada etapa de la extracción de aceite [1,6]. Sin embargo, no es suficiente, al hacer uso del balance energético a través de la primera ley de la termodinámica, se tiene una limitación, impidiendo cuantificar el aprovechamiento de energía suministrada al proceso, ya que no se tienen en cuenta las irreversibilidades generadas por los equipos.