RESUMEN:Un examen de cualquier texto escolar de teoría o filosofía del derecho nos ofrece un abanico de referencias a los conceptos de “obediencia” y “mandato” que prueban su notoria preponderancia en las distintas corrientes del pensamiento político y jurídico. Es más, los constructos que se ofrecen para explicar y analizar el funcionamiento del poder y del derecho en las sociedades contemporáneas siguen montados predominantemente sobre la relación binaria mando-obediencia. Herbert L. Hart, uno de los más influyentes representantes del llamado “positivismo jurídico”, fue un crítico acérrimo de esa explicación imperativista del derecho, fundada a su vez en el paradigma o imagen de la soberanía. Pese a que compartimos su sospecha al considerar a este aparejamiento mando-obediencia como fósil, anticuado o primitivo, intentaremos mostrar que nuestro autor también es deudor de esta idea enraizada en la cultura jurídica occidental que se aparece, a pesar de las declaradas pretensiones de algunos teóricos y juristas, como el ingrediente principal o esencial (imperatividad) de cualquier concepción del derecho. Si esto es así, tanto en sociedades simples como complejas o reticuladas, la tarea principal del derecho es “mandar”, “dictarle órdenes a la vida social” exigiendo “obediencia”. Para el efecto, se dice que el derecho se describe y explica empleando alguno de estos verbos rectores: prohibir, obligar, perseguir, controlar, sancionar, reprimir, normalizar, separar, excluir, inocular, reducir, violentar, etc.; lo cual a nuestro parecer ofrece una imagen incompleta, y que por lo tanto nos propusimos interrogar, del papel del derecho en la vida social. Para el efecto, nuestro objetivo consistirá en conversar directamente con Hart sobre este problema, restringiéndonos puntualmente a aquellos textos, entrevistas y artículos de su extensa obra que consideramos capitales para el esclarecimiento y la crítica de los conceptos jurídicos implicados en el estudio de la relación política “por excelencia”: mandar y obedecer.