Ya que no hay ni alma ni espiritu desempolvemos la mascara, parece ser este el enunciado que orienta la disposicion social de este tiempo. Pero estamos equivocados, la mascara rechaza cualquier sustituto, no le va bien la rigida pose del maniqui. Para tener mascara primero hay que tener rostro, y aunque la mascara ha sido raptada y ya no acude a nuestro apoyo su fuerza expresiva ni su vigor magico, tambien es cierto que ya habia perdido buena parte de su valor simbolico.