Se cuenta de Samuel Beckett que era tal la admiracion que profesaba por James Joyce, que lo imitaba en todo, vestia con atuendos identicos, chaquetas de tweed, chalecos floridos y brillantes, pantalones anchos y alzados. Su devocion por Joyce llegaba al extremo de que incluso calzaba su mismo numero. El problema es que el pie de Beckett era mucho mayor. Nosotros sabemos por Kant que el principio del arte de la zapateria determina cual sea la mejor forma de los zapatos. Sobre esa cuestion escribio un tratado el anatomista Peter Camper, de quien Kant dice que describia en su obra “muy exactamente como se debe hacer el mejor zapato” (CJ, 304; 229). Posiblemente a tal exigencia atendian los zapatos de Joyce y, claro esta, tambien los de Beckett, aunque el resultado en sus pies no fuera en absoluto el mismo que podria alcanzar en los de aquel.