Despues de un lento desvanecimiento, con sus luces y metaforas, hasta llegar a la penumbra entre las decadas de los 80 y 90 del siglo pasado, en la aurora del nuevo milenio, han comenzado a reaparecer, con renovado brillo, algunas de las ideas e hipotesis de Freud. Entre estas, la del inconsciente, que supone una manera radicalmente distinta de concebir los estados mentales, sus correlatos nosologicos y su dimension causal. Curiosamente, parte de ese nuevo interes colectivo sobre el tema, no proviene de un movimiento propio del psicoanalisis contemporaneo, como uno podria esperar,1 sino de los campos paradigmaticos mas opuestos a su conceptualizacion y responsables, en gran parte, de su declinacion paulatina en las demandas de salud mental. Me refiero aqui, en especial, a los cientificos conductuales y cognitivos y, en general, a los neurofisiologos. El uso exitoso de la teoria del condicionamiento operante y de las nuevas teorias del aprendizaje en el manejo de las fobias, asi como el empleo de psicofarmacos para la modulacion y control de los llamados trastornos del humor, por ejemplo, han conllevado un efecto ominoso para la trayectoria clinico-cultural fulgurante del movimiento psicoanalitico en el pasado proximo. Sin embargo, al declinar el ultimo siglo, parecio notarse una disminucion de la ‘euforia’ suscitada por las “drogas de la felicidad” tipo fluoxetina, ya convertida en icono por el rotulo comercial Prozac 2 (Peiro, Cervera y Bernal-Delgado, 2005: 401-406).