Para finales de 2016 estaba prevista la firma de un tratado de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC. Con esto se daria fin a un conflicto armado interno que ha durado mas de medio siglo y que ha dejado cientos de miles de victimas. En lo que se ha denominado el periodo del “posconflicto” el tema de la memoria historica ocupa un lugar central, ya que tanto los guerrilleros y el Estado como organizaciones de la sociedad civil ven la construccion de un nuevo relato nacional integrador como una de las principales condiciones para garantizar una paz duradera. Sin embargo, en medio de esta reciente “ola memorial” pocas veces surgio la pregunta sobre si el tipo de memoria que se esta construyendo desde las instituciones oficiales y desde la sociedad civil realmente sea apropiado para fomentar una mejor convivencia y, lo que es mas grave, en que medida coincide con los resultados de la investigacion historica. Frecuentemente se usa el termino compuesto “memoria historica” sin reflexionar sobre la posible oposicion que puede haber entre ambos conceptos, entre la memoria y la historia. Al igualarlos, se corre el peligro de crear un relato que podria parecer “integrador” a primera vista, pero cuya estabilidad a largo plazo no esta garantizada. Ademas, se puede observar en la actualidad que el boom de la memoria coincide con el deseo de varios actores de politizar ciertas representaciones del pasado, a la vez que la historia, como disciplina academica, es cada vez menos visible en el espacio publico.