En algunas partes de America se producen procesos de divinizacion o de transformacion mitologica que convierten a ciertos seres historicos en personajes intocables e indiscutibles. La critica y aun el mas simple comentario que no sea una alabanza inmoderada estan prohibidos. El hecho es propio de paises donde se hace sentir una dominacion intelectual de caracter caudillista. La veneracion sagrada que se tributa a algunos mandatarios se traslada a personajes historicos que parecen servirles de fondo o son presentados como precursores. En Europa, por ejemplo, no se venera a Napoleon, a Julio Cesar, a Cromwell o a Ivan el Terrible como a figuras que nadie puede discutir. Las obras en favor y en contra de estos y otros muchos personajes son infinitas y sus autores, si los critican duramente, no son perseguidos. Del mismo modo no se acude a actos de fuerza contra los impresores de un libro contrario a Napoleon o a Goethe. Bastan, para deshacer las obras que se supone injustas, las plumas de los buenos escritores. El caracter sagrado que se crea para ciertos heroes historicos se extiende tambien a heroes imaginarios, de novela o de poema. Tan imposible se hace al critico censurar un acto censurable de un personaje real elevado a intocable o tabu como comentar esteticamente un poema o una novela en que se refiere las aventuras de otro personaje que nunca ha existido. (…)