El transito a la oralidad es, sin duda alguna, una titanica tarea cuya consecucion, en rigor, es mancomunada responsabilidad del legislador, la jurisprudencia, la doctrina y la academia patria, quienes deben aunar sus esfuerzos, en orden a lograr, con solvencia, un verdadero proceso oral; en efecto, superar el canon de la escritura no es, ni mucho menos, una simple labor de orden legal o de reforma juridica como tal, sino que constituye, en realidad, un reto que demanda la intervencion de todos los actores juridicos en general, quienes son los llamados, de una parte, a repensar el sistema y, con fundamento en ello, a ponerlo en practica..