Conoci al Dr. Romero hace menos de seis meses. Es un hombre pequeno, gordito, con una sonrisa grandota, una personalidad fuerte y llena de amor a la vez. Es anestesiologo de la Clinica de Occidente. Ya esta jubilado pero a pesar de esto, sigue trabajando para sostener a su enorme familia. Son pocas las veces que lo veo. Trabaja casi toda la semana y cuando no lo hace, descansa o sale a cine con tres de sus hijos: los menores, que todavia viven con el. “Romerito”, como le dicen sus colegas, es la persona con el corazon mas inmenso del universo. Le paga la universidad a sus sobrinos (que no tienen los recursos para hacerlo), esta pendiente de todo lo que pasa en su familia y tiene una forma de amar muy peculiar: es exigente con las personas que aprecia, orgulloso y agradecido con Dios por todo lo que tiene. A pesar de ser extremadamente humilde, daria todo a los que necesitaran de su apoyo sin pensarlo un segundo. El me trae paz, y cuando lo veo me dan ganas de abrazarlo y cogerle sus enormes cachetes, llenos de toda esa ternura y ese amor que tiene guardado desde hace no se cuando tiempo, pero que no suele brindar en su vida diaria. Yo noto cada uno de sus estados de animo, y de alguna forma, me siento capaz de robarle un poquito de todas esas cosas que el guarda y que sus hijos a veces desaprovechan.