Aunque sea un fenomeno generalizado, resulta extrano que las personas, la riqueza y el dinamismo economico se encuentren irregularmente repartidos en un territorio. Ciudades pujantes, donde millones de personas se amontonan en unos pocos kilometros cuadrados, contrastan con inmensos espacios vacios donde la actividad economica languidece y los pocos habitantes son incapaces de aprovechar los recursos disponibles. Un mundo con semejantes caracteristicas contradice el viejo sueno de orden y simetria que ha ejercido tanta influencia en la historia humana. Cuando sonadores, escritores y politicos han fantaseado con la posibilidad de crear una sociedad perfecta, generalmente la imaginan homogeneamente diseminada en el espacio, siguiendo patrones regulares y manteniendo perfecta armonia y equilibrio entre todos sus componentes. No es sorprendente que Tomas Moro en el siglo XVI hubiera imaginado que en la isla de Utopia existian cincuenta y cuatro ciudades, todas ellas construidas siguiendo un mismo diseno y separadas entre si por veinticuatro millas de forma tal que el viaje entre ellas no tomara mas de un dia. Su capital, Amaurota, estaba ubicada en el centro de la isla, desde donde tendria acceso privilegiado al resto de ciudades y podria liderar adecuadamente la red urbana. Planteamientos semejantes pueden encontrarse en todas las epocas, comenzando por el famoso relato de la Atlantida que Platon, en los dialogos Critias y Timeo, escribe en el siglo IV a.C.; hasta las mas lejanas y futuristas sociedades que son capaces de imaginar los autores de ciencia ficcion y los directores de Hollywood en el siglo XXI.