Bajo el mandato del presidente Thabo Mbeki, Sudafrica se ha perfilado como una potencia regional pacificadora, en tanto, legitimado por su lucha contra el regimen del apartheid y con los recursos provenientes del sostenido crecimiento economico tan inusual en el Africa subsahariana, se ha involucrado con la agenda de paz y seguridad continental, basado en los lineamientos panafricanos del Renacimiento Africano. Si bien este rol sudafricano conlleva grandes costos, materializados en tener que enfrentar las criticas de sus vecinos por la intromision en los asuntos internos de los demas paises, la cesion de soberania a instituciones internacionales que constrinen la actuacion del Estado, la destinacion de recursos al financiamiento de las misiones de paz que podrian ser utilizados para responder las demandas socioeconomicas internas y la priorizacion del mercado africano ante la real importancia del continente asiatico y el europeo como socios comerciales; es claro que los beneficios son mayores. En primera medida, el grado de formalizacion e institucionalizacion de los esquemas regionales de cooperacion e integracion en los que Sudafrica se ha insertado, es relativamente bajo. Segundo, el despliegue de fuerzas para el mantenimiento de paz en la region es una apuesta a largo plazo con enormes beneficios como la consolidacion de un vecindario seguro y mejores perspectivas de crecimiento economico. Por ultimo, justificado en su labor pacificadora, el pais obtiene el prestigio internacional necesario para exigir y alcanzar el tan anhelado puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.