Unos alienigenas llegan a Nueva York con la esperanza de hacer amigos. Aterrizan, se bajan de la nave espacial y resulta que son tan altos como la suela de un zapato. Sin embargo, con carteles al hombro, en tres idiomas, expresan su actitud pacifica y amistosa: hi, hello y hola, dicen respectivamente. Reposan en un parque, donde apenas se les distingue entre el pasto y prosiguen su jornada en busca de alguien que, al menos, los salude. ?Pero, quien les manda llegar a Nueva York? Al unico ser humano que les devuelve el saludo no le parece extrano que unos ojos grandotes con cuerpo verde, del tamano de un menique, se encuentren de visita en nuestro planeta.