Lejos de un homenaje, pero tambien de la nostalgia, esta resena rastrea solo un fragmento de aquelloque es capaz de provocar la pasion por un oficio, y lapersistencia de una experiencia politica. Describir lafuerza de un nombre propio que, como el de Orlando Fals, procede no por ensenanza o predica sino por contagio, nos lleva a su desvanecimiento, a la desfiguracion de los prestigios del intelectual y el ocaso de la figura del “maestro”, para entrever como una sociedad se configura a si misma a traves de las formas en que conoce. No se trata entonces del reclamo de una herencia o un legado, pues “no son los signos de poder lo que importa, ni las vidas ejemplares, sino aquello de lo que es capaz una conviccion, aqui, ahora, y para siempre”.