Abordar el deficit moral en el sector publico es clave en la lucha contra la corrupcion. El problema es muy grave al observar el patetico cuadro que se presenta cuando en el ejercicio del poder, desde distintas posiciones, algunas personas ejercen diversas modalidades de presion para obtener beneficios personales que al final demeritan la labor del servidor publico aunque no se encuentren implicados en dichas practicas. Como resultado de este proceder se encuentran los mayores desmanes del desorden o caos que sufre la administracion publica, asi como la vision del ciudadano de su gobierno. Ante esto la sociedad civil –en su afan por defenderse de “ese canibalismo”–, crean toda una serie de organizaciones comunitarias que los aglutinen segun sus intereses, bien sean politicos, religiosos, filosoficos, gremiales, profesionales, etc., para limitar estas posiciones de saqueo y extralimitacion del poder publico. Estas aberraciones de la administracion publica, en el desproposito del manejo de los asuntos publicos no es novedoso. Desde el nacimiento filosofico del Estado Democratico de Derecho, presentado a partir de la Revolucion Francesa, se pregonaba la existencia de una sociedad corrupta; asi lo expresa Juan Jacobo Rousseau, cuando afirma que “el hombre en su estado natural nace puro y la sociedad se encarga de corromperlo”.