Diez personas se deciden a escribir. Tres saben desde un principio quien es el editor, dos creen que es un agente literario, cuatro saben que tiene que ver con los libros y uno, que escribe en el celular, lo ignora del todo. Y es que el editor es una figura temible para los ermitanos que huyen con su obra y para los abnegados de la industria cultural; un misterioso lector-corrector que anda, muchas veces, durmiendo tras el escritorio, esperando las palabras frescas que alguien ha de traer; o simplemente, el editor es necesario porque sabe culminar las obras literarias de los escritores, un guia de talentos resuelto frente a los laberintos de palabras. Aunque, en la era de la literatura digital, el escritor hace maravillas a traves de aplicaciones que estan cambiando la industria editorial.