La evidencia científica apunta a que la COVID-19 predispone a las personas infectadas a la hiperglucemia, induciendo inflamación en estos pacientes, además de disfunción endotelial y trombosis a través de la generación de estrés oxidativo; asimismo, puede también aumentar el tropismo tisular y la penetración viral en las células, induciendo mayor virulencia, patogenicidad y susceptibilidad a infecciones graves. Por otro lado, se ha planteado la hipótesis de que la COVID-19 podría afectar a las células β pancreáticas para producir insulina, lo que agravaría la falta subyacente de control glucémico en el contexto de la DM2.¹