Cada vez más vemos la producción de conocimiento en la academia organizada en territorios disciplinares, no solo en términos de materiales sino que también de marcos teóricos. Aunque existan discursos divergentes, las especificidades formativas parecen imperar de alguna manera. En los últimos años, diversos autores se han cuestionado sobre esas fronteras de la producción del conocimiento. Autores como Gilles Deleuze y Félix Guattari (1977, 1992, 1995, 1997), con una propuesta de la filosofía de la diferencia, nos provocan al asumir el territorio como algo no cerrado y cuyas conexiones no se limita desde el exterior. Se hace por medio de actos y gestos que rompen, amplían y crean territorios posibles.