Candida auris es un patógeno fúngico emergente, clasificado como levadura, y reconocido como un problema de salud pública por las autoridades sanitarias. Aislado por primera vez en 2006 en un paciente hospitalizado de Japón, no fue sino hasta 2009 que se identificó definitivamente como una nueva especie de cándida. Desde entonces, su incidencia ha aumentado significativamente, principalmente debido al uso indiscriminado de antimicrobianos y el impacto que esto genera sobre la flora bacteriana normal. Este patógeno representa un desafío notable debido a su capacidad para resistir múltiples clases de antifúngicos, incluidos los azoles, polienos y equinocandinas, lo que complica el tratamiento y control de infecciones. Su capacidad de persistir en el entorno hospitalario y de colonizar a los pacientes durante largos periodos también contribuye a su propagación. Entre las diferentes estrategias de abordaje terapéutico se encuentra un tratamiento dirigido a base de equinocandinas, que han demostrado una adecuada efectividad contra la mayor parte de las cepas de C. auris. Sin embargo, la aparición de resistencias ha llevado a la necesidad de desarrollar y aplicar tratamientos alternativos y combinados. Además, se requieren medidas de prevención estrictas para evitar contagios, haciendo énfasis en la limpieza terminal de las zonas contaminadas y el aislamiento de los pacientes infectados. La implementación de protocolos de control de infecciones, como el uso adecuado de equipos de protección personal y la desinfección de superficies con productos adecuados, es esencial para reducir la transmisión nosocomial. La vigilancia epidemiológica y la notificación obligatoria de casos también son fundamentales para monitorear la propagación de este agente patógeno y para el desarrollo de estrategias de salud pública efectivas. La educación continua del personal de salud sobre las mejores prácticas para la prevención y el control de infecciones es igualmente importante para enfrentar este desafío emergente.