La miel, una sustancia natural producida por las abejas a partir del néctar de las flores o de las secreciones de insectos, se ha utilizado durante milenios por sus propiedades medicinales y culinarias. Esta revisión explora la composición, las propiedades y los posibles beneficios para la salud de la miel. La miel se compone principalmente de azúcares, agua y diversas sustancias como enzimas, aminoácidos, ácidos orgánicos, vitaminas, minerales, pigmentos, compuestos fenólicos y compuestos volátiles. Su composición varía según factores como la fuente vegetal, la especie de abeja y las condiciones ambientales. Los carbohidratos de la miel, principalmente fructosa y glucosa, constituyen alrededor del 80% de su contenido, con cantidades menores de oligosacáridos. La miel también contiene enzimas como la invertasa y la diastasa, que desempeñan un papel en la descomposición del azúcar y se utilizan como indicadores de calidad. Además, la miel contiene ácidos orgánicos, minerales como el potasio y el calcio, y vitaminas como la vitamina C y las vitaminas del complejo B. Los compuestos fenólicos, incluidos los flavonoides, contribuyen a las propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antimicrobianas de la miel. Más de 500 compuestos aromáticos son responsables de su distintivo aroma y sabor. La composición diversa de la miel le otorga una variedad de actividades biológicas, que incluyen efectos antioxidantes, antibacterianos, antifúngicos, antihipertensivos, antitumorales, antiinflamatorios, antidiabéticos y hepatoprotectores. A pesar de su valor nutricional y beneficios para la salud, el consumo de miel debe ser moderado debido a su alto contenido en azúcar. Se necesita más investigación para comprender completamente los mecanismos y las posibles aplicaciones terapéuticas de la miel en diversas condiciones de salud.