Al abordar la salud mental, existen varios aspectos por considerar. Uno de ellos es la multidimensionalidad. En épocas donde la ciencia no da suficiente prevalencia a la medicina ancestral, esta, a pesar de ser empírica, logró acercarse a una comprensión medianamente integral, pues sus tratamientos no se limitaron a la botánica, sino que incluían rituales ancestrales dirigidos a tratar factores naturales y místicos (energías y espíritus). Con el tiempo, la multidimensionalidad fue sucumbiendo ante la prevalencia del modelo biomédico que trajo consigo el asistencialismo y la institucionalización de “personas enfermas”. A raíz de esto, la salud mental perdió el enfoque integral y se redujo a la enfermedad y a los tratamientos clínicos, sin contemplar acciones como la protección, la prevención o la promoción; sin embargo, tiempo después la higiene mental y el movimiento en salud mental lograron trascender y posicionar la salud mental como un derecho fundamental, una problemática de salud y una variable del bienestar individual y colectivo.