La palabra ‘productividad’, a menudo, se percibe como un factor determinante en cualquier discurso empresarial. Tradicionalmente se ha asociado a la productividad solo con indicadores financieros, lo que plantea un desafío al relacionar este concepto con la inclusión de personas con discapacidad. Esto se debe a la creencia común de que las personas con discapacidad no pueden desempeñarse con eficiencia, pues deben tener horarios distintos a los de los demás empleados y a la vez requieren de una estabilidad laboral reforzada. De hecho, es posible que nada de esto despierte asombro e intranquilice a los diversos sectores de la economía (especialmente de las micro, pequeñas y medianas empresas) debido a que muchas organizaciones consideran a la inclusión como una posibilidad solo para las grandes compañías en las que el trabajador con discapacidad no sea notable en su rendimiento. A pesar de ello existen organizaciones que han convertido a la inclusión en una oportunidad para contribuir a la sostenibilidad y al trabajo digno; por tanto, mejoran los entornos de trabajo de una manera tan profunda que las personas —tanto con discapacidad como sin ella— encuentran menos barreras discapacitantes para su pleno desarrollo.