Se observa entonces que el problema de la violencia no sólo se reduce a generalidades. En todos los salones se encuentran niños que ejercen su liderazgo por ser los más violentos, los “chachos” como los llaman, y con los cuales “no se mete nadie”. Generalmente, estos niños son los que más problemas familiares y sociales padecen y necesitan una buena dosis de agresividad (Valdés, 1991).