El cine del modo de representación institucional (MRI) se ha convertido en el canon del cine, no solo porque hereda las cualidades de lo que se considera como canónico en la tradición de las artes sino, sobre todo, por la institucionalización de esta forma de representación. El MRI, al consolidarse de manera tan potente e invasiva, ha invisibilizado otras formas de ser del cine, hasta el punto de naturalizarse como sinónimo de lo que significa cine en general. Esta forma de representación es heredera de la tradición mimética en las artes, de cuyas cualidades y preceptos se ha sabido apropiar para ponerlos al servicio de su fin último de enganche y rentabilidad.