Desde la segunda mitad del siglo XVIII se dio inicio a una revolución de la figura encargada de concebir los textos dramáticos. Aunque la figura del dramaturgo ha existido desde la antigüedad griega, fue en medio de la Ilustración alemana que tuvo lugar el asentamiento de la perspectiva crítica y analítica que diera lugar a sacudir las bases del drama a partir de otras ramas del conocimiento. De ahí parte la noción del dramaturgista, como un profesional que relaciona preceptos filosóficos, científicos, políticos e ideológicos como una fuerza motora que permite expandir la función del texto dramático y su posterior confrontación con el espectador en la comunión del hecho escénico. El presente documento propone relacionar el oficio del dramaturgista con la disyuntiva existente entre la Historia oficial de los hechos y las creaciones del campo de la ficción que han suscitado los mismos. Apoyado en diferentes puntos de vista se busca legitimar la idea de que la ficción dramatúrgica también puede ser un elemento fundamental para la revisión de hechos históricos que cuestionen el pasado de un grupo social, su consciencia del presente y la manera en cómo van a afrontar su devenir.