A comienzos del siglo XX, en la Argentina, la atención particular de la prensa a los folletines produce un discurso de rechazo a una «retórica popular» por lectores asociados a una intelectualidad ilustrada, comprometida en la construcción de un sentimiento universalista moralizante a través de la alta cultura. Este es el caso concreto del artículo Las fábulas trágicas, de Federico Quevedo Hijosa, publicado por el vespertino tucumano El Orden (01/03/1912). En el presente trabajo, analizamos su argumentación a fin de develar los presupuestos que intentan despojar la literatura de los elementos populares considerados «inmorales».