Este artículo es resultado de abordajes a mis prácticas y experiencias evaluativas desde mi quehacer docente, con el ánimo de enriquecerlas y cualificarlas. Discurre sobre los efectos criticables del paradigma tecno-científico moderno en el acto de evaluar: reducciones, racionalización, cuantificación, calificaciones, aprobación, estandarización, graves olvidos y miserias que se le han impuesto a la pedagogía y la evaluación. Mis reflexiones transitan por los senderos y bordes de la no-linealidad, de las nuevas lógicas, de la teoría del caos, de la teoría de sistemas, de la autopoiesis, de la física cuántica. Posibilitan el relocalizar la evaluación en el aprendizaje, en lo humano, en la subjetividad, en la diversidad, en lo cualitativo, en la corporalidad, en la solidaridad, en las relaciones, en la síntesis, entre otras apuestas que pueden enriquecer las prácticas evaluativas y aportar a la innovación pedagógica.