El proceso de evangelización en las islas de Filipinas a finales del XVI y comienzos del XVII estuvo permeado por dos elementos fundamentales, la situación imprevista que nació por el encuentro con América y la centralidad del lenguaje. Por un lado, la experiencia americana le suministró herramientas y guías útiles que facilitaron la conversión religiosa, por el otro, dicha experiencia llevó a la conclusión de que se si se desea llevar a cabo de forma correcta el proceso es menester darle centralidad al lenguaje y las traducciones. Este artículo busca observar cómo se establece dicha relación entre el caso filipino frente al americano, y mediante la traducción de la oración Ave María en tres lenguas indígenas de Filipinas cómo percibían los jesuitas las traducciones.