P ensar, discutir y diseñar lo que sería en Colom- bia un período de posconflicto, se ha convertido en una especie de tarea nacional.Y no puede ser de otra manera, dada la ilusión generada en la sociedad por la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz que ponga término al dañino y ya prolongadísimo conflicto interno.Es un ejercicio que vale la pena hacer, incluso si no se alcanzara la paz de inmediato porque, por un lado, la sociedad intuye que de todas maneras el conflicto cederá o se extinguirá en un futuro no lejano, y por otra, porque parte de la sociedad colombiana ya vive las condiciones de un posconflicto parcial, si se tiene en cuenta el retroceso de muchos de los factores de violencia que se ensañaron con el país en años pasados. En un escenario