Este artículo pretende mostrar cómo las andanzas y vivencias del protagonista de Al diablo la maldita primavera representan algunas de las tensiones existentes en la construcción de una identidad gay en la capital colombiana, tensiones acentuadas por la aplicación de las prácticas de un modelo gay exportado desde Nueva York, ligado al consumismo y al culto al cuerpo y a la fiesta en individuos sujetos a marcos históricos, sociales y culturales diferentes.