Las demás personas son fundamentalmente otros tiempos. La fuente de extraíieza es más la temporalidad de los otros que su localización en un espacio, por lo que el autor defiende una concepción del otro más temporal que espacial. Una consecuencia ética de este planteamiento es reconsiderar los valores y las virtudes desde la finitud de la temporalidad y no desde el universalismo abstracto del deber establecido por la ética tradicional.