El mundo cambia cada vez más rápido y todo se percibe temporal, pasajero e inestable. El entorno material y los saberes, las creencias, los valores y las ideas que profesan las personas varían. Al reconocer la inmensa diversidad de cosmovisiones y modos de vida posibles, la confianza en verdades absolutas y universales se desvanece, pero la necesidad de dialogar y de llegar a acuerdos para, juntos, adaptarnos a las nuevas realidades e impulsar transformaciones que contribuyan a garantizar la sostenibilidad de nuestra vida en el planeta crece. La tarea es urgente, y si bien disponemos de herramientas que nos permiten comunicarnos en tiempo real, para coordinar esfuerzos y lograr objetivos comunes, enfrentamos grandes obstáculos, como el actual modelo socioeconómico. Al promover una creciente desigualdad —entre las regiones y dentro de los países—, limita drásticamente las oportunidades de desarrollo y bienestar de muchas personas, lo cual se observa en hechos violentos, injusticias y violaciones de los derechos humanos.