A más de dos décadas del avance que significó, en Durban, para los hasta entonces llamados negros autodenominarse afrodescendientes, parte de este colectivo de/en la Argentina continúa empleando el color que dio sentido primigenio para interpelar al Estado y visibilizarse, lo que llamo política del color. Vehiculizan sus demandas mostrándose del modo en que históricamente vienen siendo representados. El Estado también abunda en esta lógica pero para neutralizar o minimizar sus demandas. Mi hipótesis es que esto es contraproducente porque reduce todo a un colorismo anodino, lo que limita el Estado atenderlos satisfactoriamente