El sujeto cartesiano se constituye en la subordinación de todas las facultades a la inteligencia; ella ha de imponer en todo momento y situación sus condiciones, porque de lo que se trata es de asegurar el dominio de las cosas, algo que no se consigue sin interponer al deseo, a ese deseo, un entendimiento adecuado. Y Descartes sabe muy bien que no hay entendimiento que no sea de objetos. Los seres humanos están dotados de estas facultades, que habitualmente chocan y no dejan de entrar en conflicto. En la sustitución de la confusión (y la superstición) por el método, Descartes lleva a su extremo la sujeción de las demás facultades por el entendimiento, injusticia que sublevará a muchos. En este artículo se aborda este problema.