Este artículo reconstruye la genealogía arendtiana de las formas extremas de la violencia, tomando como hilo conductor los procesos de desingularización con un doble propósito: por un lado, analizar las (dis)continuidades históricas de dicha genealogía que trasciende la dimensión físico-instrumental de la violencia y entra conexión con la (des)configuración de la identidad personal; por otro lado, reivindicar la vigencia de la obra de Hannah Arendt para explorar los ecos presentes de esa violencia, sin perder de vista su especificad actual.