El día transcurría con absoluta normalidad, desde mi punto de vista. Las calles estaban llenas de personas apuradas por sus quehaceres diarios, reflejando a través de sus rostros cansancio y desesperación, con ganas de unas vacaciones, con ganas de volver a sus casas y solo quedarse ahí, sin pensar que después anhelarían ese ajetreo. A pesar de todo, las cosas estaban normales, sin novedad alguna, solo la misma rutina de siempre, mis padres se levantaban para irse a trabajar, yo me quedaba en casa con mi abuela o me dirigía a la casa de mis tías. Un día se comenzaron a escuchar rumores sobre una misteriosa enfermedad que estaba cobrando la vida de muchos y acorralando a otros; sin embargo, decían que estaba lejos de nosotros, así que todo estaría bien, siempre y cuando eso estuviera a miles de kilómetros.