Desde que se escuchó el crujir del enorme monstruo por todo el mundo, el pánico se apodero de Aura, una anciana de chalina negra, falda gris, blusa blanca de seda, zapatos negros de tela medio rotos en la punta de donde salía su dedo gordo exhibiendo un pedazo de uña gruesa de color café oscuro. Doña Aura, vivía en un pueblo ubicado en la denominada “zona roja de Colombia”, en la cordillera Occidental, donde meses atrás la tranquilidad se podía al menos percibir, pues el conflicto armado era un elemento que se integró en la vida de las personas; sin embargo la naturaleza siempre estaba presente dándoles diariamente a todos los habitantes del pueblo leche, huevos, carne, gallinas, papa, cebolla, zanahoria y demás, pues estos productos eran cultivados en sus huertas y cuidados por ellos mismos, pero ahora la escasés de alimentos era abismal y la tristeza en el pueblo se podía notar en los ojos de sus habitantes.