TOMO I3. En las mañanas de la Primauera, quando el sol aun no ha calentado el aire, es deleitosa la vista de la estos volcanes.Porque leuantan unas varas altas, y derechas de plateado humo, remontandose inflexibles grande espacio y estendido trecho, hasta que cobrando altura, se esparcen en hermosos penachos ondeados, que creciendo, se encrespan y arrollan formando vistosas nubes, y tras el humo despiden un penacho de fuego, que centelleando, llena el ayre de cometas, y de volantes globos de fuego.Estan sus cumbres llenas de Piedras negras, passadas del fuego; esponjosas, como escoria de yerro.Y quando por la exuberancia de la materia combustible, es violentada la actiuida del fuego, no cabiendo en sus senos, rebienta con estallidos, y violencia, y desenfrenado, se depeña por la sierra abaxo, como lo vimos el año de 1640, por el mes de Febrero, que reuentó el volcan de Aliante, y voló diformes peñascos, despedazo zerros, troncho arboles, y vomitando ceniza, y piedra y azufre, terrapleno las lagunas, detuvo los rios y rebalsados inundaron la tierra, hasta que rompieron por varias partes, corriendo sus aguas calientes de las piedras, y ceniza, y espesas como legia