Quizás sólo comparable con la realidad de la Globalización, la investigación genética se ha asentado, en las últimas décadas, como un acaecimiento palpable e innegable. Las prácticas de investigación genética, aunque no novedosas, se han abierto un lugar en las temáticas de preocupación mundial. Su implementación, en contra de posturas religiosas y morales – especialmente –, no ha podido ser detenida, y parece no tener marcha atrás. Los grandes países industrializados han puesto esfuerzos económicos, en la consecución de mayores y mejores adelantos, en una carrera tecnológica en lo que se refiere al dominio del genoma humano.