El texto tiene como centro articulador la relación representación-cuerpo-autoimagen desde una perspectiva biopolítica. Retoma los fundamentos de autores como Foucault y Butler sobre la identidad como una construcción simbólica y performativamente configurada, pero los cruza con un enfoque interseccional y decolonial. Es decir, contextualiza la perspectiva queer en América Latina, y reconoce el término trans como algo foráneo, que en Colombia y Venezuela está, además, atravesado por unas relaciones hegemónicas de raza, etnia y clase social.