Este artículo reflexiona sobre el lugar que tendrá la belleza en las ciudades del futuro a partir de los desafíos que enfrentan las ciudades globales. Éstas han degradado la calidad de vida de sus habitantes como consecuencia de planear la vida y las ciudades con una visión racionalista, y que en el caso de la ciudad capitalista llegan al extremo de manipular la vivencia estética, haciéndola un medio de consumo. Dos grandes retos enfrentarán las ciudades del futuro: por un lado vencer la inercia que impone la actual edificación y diseñar las ciudades a partir de la propuesta fenomenológica del espacio, que pone en el centro del diseño a la persona, y en segundo lugar, que se supere la visión racionalista a cambio de una visión que logre integrar trabajo, belleza y vida.