La criminalidad es la manifestación hechos que son catalogados de criminales (delitos) en la sociedad por medio de las instituciones legitimas creadas para tal fin. Para González de la Vega (2003), el crimen es la forma más grave de la desorganización social y del estado de anomia de una sociedad, y ha estado presente en todas las sociedades, sin que alguna pueda librarse de este fenómeno. Para Durkheim (1997), el crimen es un fenómeno normal que es producto -y no desecho- de la estructura que configura la sociedad, incluso para este autor es un producto cultural y como producto social, el crimen también se modifica, se altera y evoluciona en la misma medida que lo hace la sociedad y en la misma magnitud que configura un nuevo orden social y un nuevo control político. Para Lombroso (1902), el crimen no debe ser comprendido solamente como un defecto o un desecho de la estructura social, sino que debe comprenderse también desde una perspectiva individual en donde hay una elección racional y en donde incluso operan elementos genéticos y ambientales que pueden condicionar el accionar de un individuo, propuesta que ha sido muy polémica, porque condena a amplios sectores de las sociedades a ser considerados como delincuentes, o en el mejor de los casos como posibles delincuentes.