El presente ensayo muestra cómo opera la colonialidad en la configuración contemporánea de la geopolítica del conocimiento, en la naturalización de determinadas posiciones o lugares de enunciación y en la oclusión de otros generalmente reducidos al orden de “lo conocible”. Este escenario plantea problemas inaplazables en un contexto donde, en nombre de la Ilustración europea y sus reversiones, se imponen algunas herencias de pensamiento en detrimento de otras locales, así como pueden promoverse antropofagias fallidas o asimilaciones excesivas por mal digestión. Así, se torna importante el intento de esbozar una ética descolonizadora desde la cual interpelar y responder a las problemáticas que traen consigo aquellas posiciones que pretenden reconducir el debate epistémico al paso impuesto por el legado europeo. En esta búsqueda, se anuda lo ético, lo político y lo educativo en un gesto subversivo que se trama entre luchas necesariamente abiertas frente al panorama que ofrece el pensamiento contemporáneo.