Si las vidas en singular-plural fueran apreciadas como textos en estado permanente de escritura, aclaraciones, omisiones, desmentidas de uno mismo y de otros, elaboraciones y reelaboraciones de obras mínimas siempre precarias y siempre provisorias –actos, gestos, palabras, silencios, puntos de vista, desplazamientos, exclamaciones, secretos, etc.-, los modos de subrayar y subrayarse pueden ser la materialidad de la inmanencia y la trascendencia del estar en el mundo.